La luz guía
Había una vez un pequeño pueblo donde vivía un ciego. Aunque siendo ciego no tenía problema para caminar en la oscuridad, siempre llevaba consigo una lámpara encendida cuando salía de noche.
Una noche, se encontró con un grupo de jóvenes viajeros que regresaban de cenar. El viajero se dio cuenta de que era ciego y se sorprendió de que tuviera una lámpara encendida en la mano. Comenzaron a hacer comentarios y a burlarse de él. Finalmente, uno de ellos preguntó: “¡Oye, hombre! ¡¿Por qué tienes una lámpara si estás ciego?!”
"No llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco de memoria la oscuridad de las calles. Yo llevo la luz para que los demás encuentren su camino cuando me vean... No sólo es importante que la luz me sirva a mi , sino que los demás también puedan usarla.
¿No sabes que al iluminar a los demás, también me beneficio, porque evito ser lastimado por otros que no pueden verme en la oscuridad?
Cada uno de nosotros puede iluminar el camino para sí mismo y ser visto por los demás, incluso si uno aparentemente no lo necesita."
Esta idea del sabio tonto y su lámpara se repitió en las tradiciones literarias y filosóficas de Europa (como el cuento griego de Diógenes) y también se extendió más allá del mundo islámico.
En las tradiciones de la narración islámica, el tonto sabio ejemplar es el mulá Nasreddin:
'Puedo ver en la oscuridad', alardeó Nasreddin un día en la casa de té.
'Si es así, ¿por qué a veces te vemos llevando una luz por las calles?'
'Solo para evitar que otras personas choquen conmigo'.
Una historia similar se encuentra en el volumen cinco del Masnavi del místico sufí del siglo XIII Jalāl ad-Dīn Rumi y el poema "Ciego" de Calderón de la Barca (1600-1681) trata el mismo tema:
Un ciego en Londres había
tal, que no determinaba
los bultos con quien hablaba
en el resplandor del día:
Y una noche que llovía
(como una de las pasadas)
a cántaros y a lanzadas,
por las calles caminando,
se iba mi ciego alumbrando
con unas pajas quemadas.
Uno que le conoció,
dijo : —Si no os alumbráis,
¿para qué esa luz lleváis?
Y el ciego le respondió :
—Si no veo la luz yo,
la ve el que viene, y así
no encuentra conmigo aquí ;
con que aquesta luz que ves,
si no es para ver yo, es
para que me vean a mí.
(Cisma de Ingalaterra, jornada 1ª , escena VI)



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